
Con paso vacilante me acerco a esta puerta a un mundo desconocido. Un marco de madera en mitad de un desierto de nada que esconde los secretos del exotránsito. Coloco mi mano en el metálico poco y compruebo que, a pesar del frío que me rodea, hay cierta calidez en su tacto. Como si el sol diese en el otro lado, pero a estas alturas del viaje hay pocas cosas que me sorprendan. Giro el pomo aparente facilidad y la puerta se abre sola deslizándose sobre sus bisagras. Una blanca luz emana del agujero y me ciega por completo. Sin embargo, algo me llama y me obliga a dar un paso hacia delante. La búsqueda. La luz me rodea y, mientras mis ojos se acostumbran después de tanto tiempo de oscuridad, todos mis sentidos vibran por el repentino cambio. A llegado el momento de empezar de nuevo. He vuelto a nacer en otro mundo.

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